El 93% de los alumnos mejoraría algo de la Universidad

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La educación es una de las muchas asignaturas pendientes que tiene nuestro país. En lo que llevamos de democracia muchas han sido las reformas educativas que se han llevado a cabo, y que finalmente no han acabado con las carencias de los alumnos españoles ni en general con las carencias del sistema. Hace unos meses ha sido aprobada la LOMCE, la última reforma que incluye nuevos cambios en todos los niveles educativos.

Esta reforma ha sido muy impopular, ya que no cuenta ni con el apoyo del alumnado ni con el de los docentes. Una reforma educativa tiene que tener en cuenta las opiniones de ambos. Por este motivo nos hemos adentrado a investigar qué es lo que opinan los universitarios de todas las etapas educativas por las que han pasado. Para hemos escogido una muestra de 120 universitarios de 37  carreras distintas, con edades comprendidas entre los 17-30 años, que provienen de distintos tipos de enseñanza (pública, privada…) y distintas especialidades. 

Los resultados son realmente interesantes y ponen en entredicho los sistemas educativos que han existido hasta el momento. El 55,8% de los encuestados considera  la calidad de su educación primaria fue buena y un 16,7% la califica como muy buena. En el otro lado de la balanza están los que opinan que la calidad fue regular (20,8%) y los que la tachan de mala (6,7%).

Cuando los estudiantes han sido preguntados por su satisfacción con la educación recibida durante la Educación Secundaria, la tendencia es similar a la del nivel educativo anterior. El 43% la evalúa como buena, junto con un 9% que la califica como buena. En esta ocasión el porcentaje de universitarios que la tachan como regular es superior al de primaria (37%) y los que considera que la calidad ha sido mala es similar, ya que se queda en ocho puntos porcentuales. 
Los patrones continúan siendo parecidos cuando se evalúa la calidad de la enseñanza en Bachillerato. El 48,3% considera que ha sido buena y un 16,7%  muy buena. Aunque son minoría, hay una parte importante que no se ha sentido satisfecha con la enseñanza de este nivel educativo. Un 28,3% la califica como regular y un 6,7% como mala. 


Si nos adentramos en la investigación de sus opiniones sobre los estudios universitarios, los resultados son preocupantes. Un 93,3% mejoraría algo de la universidad, frente al 6,7% que no cambiaría nada. Algunas de las mejoras más repetidas ha sido que haya una atención más individual del alumno, más involucración del profesorado, mayor número de prácticas o más facilidades económicas entre otras. 

Bolonia ha sido un fracaso, y eso no solo lo saben los docentes, los alumnos en su inmensa mayoría considera que no se aplica este sistema (58%). El resto de estudiantes están divididos: un 34% considera que sí se aplica, un 25% afirma que depende del profesor y un 3% no sabría qué contestar. No obstante, a parte del desastre que ha sido este plan de estudios, la diversidad de respuestas se debe principalmente a que los encuestados han sido escogidos de distintas universidades. No en todas se aplica de la misma forma, por ejemplo la Complutense tiene poca fama de estar adaptada a Bolonia, lo contrario que sucede con la Universidad Carlos III. 

Los estudiantes encuestados prefieren el sistema universitario anterior – la licenciatura- , concretamente un 53% de ellos han elegido esa opción. El 33% prefiere el sistema de Bolonia y el 14% ha preferido no contestar, ya que no han podido probar el modelo anterior y no se sienten capacitados como para poder opinar. No todos los estudiantes que han afirmado preferir bolonia consideran que esta se está aplicando. Es más, es probable, que de aplicarse este plan de estudios correctamente, serían muchos más alumnos los que lo preferirían. 

¿Qué pasa cuándo si los docentes dan la talla? Dado que estamos en la universidad lo suyo sería esperar un sí rotundo. Pero nada más lejos de la realidad, lo que evidencia uno de los problemas más graves en la enseñanza superior. Un 35% de los encuestados han firmado que sus profesores no dan la talla. Un 38% ha señalado que depende del profesor, pero que en su mayoría necesitan mejorar. Pocas ganas de enseñar, clases demasiado teóricas y temarios obsoletos han sido alguno de los argumentos más repetidos para poner en entre dicho la docencia universitaria. Tan solo un 28% ha afirmado estar satisfecho con sus profesores. Muchos consideran que la culpa es de los puestos vitalicios, ya que se acomodan en su puesto y aunque enseñen mal nadie les puede mover de ahí. 

Sin duda alguna el Estado tiene un problema grave que resolver. La educación no es algo constante, no algo que cambia cada cuatro años. Este estudio muestra la insatisfacción que generan estos continuos cambios. Los estudios universitarios podrían mejorar más su calidad si se esforzaran por implantar Bolonia correctamente y si desarrollasen mecanismos de control interno de los docentes que fuesen eficaces. Mientras todo esto siga igual estaremos a años luz de países como Finlandia.  

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